Hoy es una sala de teatro de Cádiz. Pero "La Lechera" fue una planta de producción láctea. En 1950 al alcalde se le ocurrió solucionar el abastecimiénto lácteo de la capital montando una planta. Para ello contó con el recordado veterinario José Luna Gener. La Central lechera fue una empresa municipal en la que figuraba como veterinario José Suárez Fraga...
Fuente: Diario de Cádiz Diario de Cádiz, 17.02.2010. Por Francisco Orgambides. HOY es una sala de teatro desde hace algún tiempo ya, un espacio escénico para montajes dramáticos avanzados, conciertos de música minoritaria por lo que hace al aforo esperado, y punto de cita flamenca ya que el cante jondo no falta en su programación. Pero "La Lechera", como su nombre indica, fue una planta de producción láctea. En 1950 al alcalde León de Carranza, y dadas las necesidades de la población, se le ocurrió solucionar el abastecimiénto lácteo de la capital montando una planta, que se llamaría "Central lechera", para asegurar el abastecimiento de leche a la ciudad a un mejor precio. Para ello contó con un experto como el recordado veterinario jerezano José Luna Gener. La Central lechera fue una empresa municipal que tuvo como director en ese año a Antonio Rodríguez Izpisúa, al frente de un equipo en el que figuraba como veterinario José Suárez Fraga y como maquinista a Juan Torres García. Aunque en aquellos años había vaquerías en Extramuros, los camiones con la leche recién ordeñada llegaban todas las mañanas desde Jerez y Chiclana. El aparataje era de tecnología danesa y capaz de producir 500 litros de leche por hora, pero solamente salían a la venta unos mil litros al día en ese primer año. Luego se llegó a la cifra de 2.000 litros, suministrándose leche gratuita a unos cien niños a través de los biberones que repartía la puericultura municipal. Era la modernidad. Hasta los años treinta fue frecuente ver en Cádiz al lechero con su piara de cabras buscando clientes. El sonido de las esquilas era el reclamo para que las marchantas bajaran a la casapuerta a comprar leche recién ordeñada. El cabrero atendía el pedido ordeñando la cabra ante la clienta y llenando un jarrillo de lata que se denominaba por su capacidad: "un cuartillo". La leche de vaca se expendía en las lecherías, tiendas pintadas de blanco, de interior desnudo, alicatadas de azulejos y de un característico y acre olor, tiendas de leche a granel que muchos lectores habrán conocido. |