Los linces vuelven a Granada a curarse Imprimir Correo electrónico
Ocho ejemplares han sido sometidos a chequeos o sanados de heridas y enfermedades desde 2008. El CREA de Granada se incorpora al programa de recuperación de esta especie de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía.

Ideal, 06.02.10. "Alfonso", un viejo lince macho de Sierra Morena, llegó comatoso, con una pata gangrenada y un ojo destrozado. En el quirófano del Centro de Recuperación de Especies Amenazadas (CREA) El Blanqueo de Pinos Genil le amputaron la extremidad y le vaciaron la cuenca ocular derecha. Tres meses después, había ganado peso y se había recuperado de sus heridas quirúrgicas. En su estado, no habría sobrevivido en la naturaleza, así que fue trasladado al Centro de Cría en Cautividad de Matalascañas (Huelva). En 2009 fue padre de cachorros con dos hembras distintas, "Duna" y "Boj". «Nos dio una alegría tremenda», ! reconoce Nuria Viqueira, veterinaria de El Blanqueo.

"Alfonso" fue el primero de los ocho linces ibéricos ("Lynx pardinus") que han pasado por estas instalaciones en los dos últimos años. Con ello, el CREA de Granada se incorpora al programa de recuperación de esta especie de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía.

Esas estancias suponen el regreso de la especie a una provincia de la que desaparecieron hace mucho. «No hubo un momento concreto en el que se dijera: "Este es el último lince de Granada" -explica José María Irurita, director del CREA-. Después de desaparecer se han avistado ejemplares en diferentes sitios, porque al ser animales territoriales buscan nuevos territorios, pero eso no quiere decir que la población se mantenga. Hace décadas que no crían aquí».

Algunos linces fueron ingresados para curarse de heridas o enfermedades. Fue el caso de "Calabacín", un lince ciego hospitalizado durante cinco meses y trasladado en noviembre de 2008 al nuevo centro de cría La Olivilla en Santa Elena, Jaén. Irrecuperable en la naturaleza, el pasado diciembre fue el último de los 16 linces cedidos por la consejería andaluza al centro de cría en cautividad de Silves, Portugal. Por su parte, "Pétalo" permaneció quince días recuperándose de unas heridas en la cara causadas, posiblemente, por la lucha con un congénere. "Ciprés", un macho joven, y "Mata", una hembra adulta, llegaron enfermos en diciembre de 2009 y fueron dados de alta al mes siguiente. A día de hoy, las instalaciones reservadas para este felino en El Blanqueo están vacías.

Otros animales, como "Damán II" y "Caberú", fueron sometidos a cuarentena, paso previo al programa de cría en cautividad. El objetivo, explica la veterinaria, es asegurarse de que se encuentran en buen estado de salud antes de integrarlos en una nueva población. Eso incluye hacerles análisis para detectar posibles infecciones, vacunarlos contra la leucemia felina -habitual entre los gatos domésticos- y desparasitarlos.

"Nuria" estuvo en Granada en dos ocasiones: la primera para colocarle el collar radioemisor, un sistema que permite realizar un exhaustivo seguimiento de algunos ejemplares, y la segunda para cambiárselo.

Ninguno de los ocho linces que han pasado por el "hospital" de El Blanqueo resultó herido por causas humanas. Todos fueron capturados por Medio Ambiente mediante trampas, al observar los agentes del Programa "Life Lince" que tenían algún problema de salud o que era el momento de cambiar la batería de sus collares radioemisores. Siete de ellos proceden de Sierra Morena (Jaén y Córdoba) y uno, de Doñana.

Jaulas con cebo

Para "cazarlos" se colocan unas jaulas con un cebo y una trampilla que se activa con la pisada del felino. Al ser animales agresivos, todas las intervenciones se realizan bajo anestesia. Su manejo es muy delicado. «El lince no ataca a las personas, pero si se ve acorralado, se defiende», asegura Irurita.

Para que el CREA de Pinos Genil se incorporase al programa de recuperación del lince ibérico fue necesario acondicionar las instalaciones y transformar voladeros de aves en "habitaciones" para felinos. «Cuando llegan, tanto si están heridos o enfermos como si necesitan cuarentena, tienen que estar aislados», señala el director. Estos animales precisan espacios amplios, con una zona a cielo abierto para correr y otra cerrada para descansar. Si están enfermos, se les alimenta con carne y papillas, pero una vez que inician su curación es fundamental que vuelvan a cazar. Los conejos son la base de la dieta de estos tigres en miniatura. Y el elemento sorpresa, su principal baza. «El lince caza al acecho -recuerda Irurita-. Se agazapa en zonas de matorral, se acerca sigilosamente a la presa y, en el último momento, da el salto y la captura. No la persigue a grandes distancias». Las instalaciones están preparadas para que la cacería se parezca lo más posible a la que ocurre en el m! edio natural. Además, disponen de cámaras de televisión para permitir un seguimiento de 24 horas.

Alerta

En el CREA trabajan una bióloga, una veterinaria y dos peones especializados en el cuidado de los animales. Ingresan ejemplares de todo tipo, pero siempre de especies amenazadas, desde aves rapaces hasta mamíferos, como garduñas, comadrejas, hurones o erizos. Cualquier ciudadano puede alertar del hallazgo de un animal en peligro en su teléfono (670 94 56 99), pero la mayoría de los avisos se realizan al 112.


Imagen: "Alfonso", en la mesa de operaciones del CREA de Granada. :: CREA.
 
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