El sector del ibérico, al borde del colapso por la caída de ventas Imprimir Correo electrónico
Huelva Información, 11.01.2010 . Mal terminó 2008 para el sector del cerdo ibérico con una caída de hasta un 30% en las ventas de jamón de bellota durante las navidades a causa de la crisis económica. Fue un presagio de lo que iba a ocurrir en 2009 y así ha sido. Las ventas no se han recuperado, incluso han descendido más, y de poco o nada ha servido que en algunas épocas del pasado año los precios bajaran. Los secaderos de la provincia onubense han estado durante todo ese tiempo saturados, con un elevado excedente que no ha encontrado salida en el mercado.

Los ganadores ya dieron la voz de alarma a principios de año al caer a mitad de precio la arroba de cerdo ibérico y calificaron la situación de insostenible. Si en 2008 se pagaba entre 30 y 36 euros, en enero de 2009 la cotización bajó hasta moverse entre los 15 y los 18 euros.

Con esos precios el sector comenzó a quejarse de que apenas si se cubrían gastos. Y es que los industriales habían comenzado a dejar de acceder a los créditos bancarios y a mermar las compras o adquirir a bajo coste lo que puso a los ganaderos, sobre todo a los pequeños, entre la espada y la pared. Algunos de ellos empezaron a asumir la matanza del cerdo y a vender las piezas directamente.

Para entonces, la actividad en los mataderos industriales había caído considerablemente en el sacrificio del cerdo ibérico de cebo, ya que la campaña de la bellota no se había iniciado. El sector ya solicitaba a la Administración la actualización de las ayudas para atajar la crisis en la que ya estaba inmerso.

La situación no mejoró en los siguientes meses, como puso en evidencia Asaja-Huelva: además de haberse elevado el coste de producción por la subida de los piensos, el ibérico de bellota se estaba pagando al mismo precio que hace tres años. Mientras tanto, la idea que circuló en el sector es que buena parte de los ganaderos iban a verse obligados a abandonar la actividad de la cría del ibérico de persistir la crisis, con la consiguiente pérdida de mano de obra y daños a la economía de la Sierra y el Andévalo, comarcas que aglutinan esta actividad.

Los productores no fueron los únicos, aunque sí los primeros de la cadena, en sufrir las consecuencia de la crisis, ya que los industriales se enfrentaban a problemas financieros, además de los de comercialización. A estas alturas de la recesión económica tenían claro que la única salida para incrementar las ventas era el mercado exterior, ya que el nacional no estaba y sigue sin estar en condiciones de absorber toda la oferta acumulada con precios que sean rentables tanto para ellos como para los ganaderos.

A mediados de año, la Asociación Interprofesional del Cerdo Ibérico constató el desplome del mercado. La crisis del consumo y la caída de precios amenazaba a 4.300 explotaciones de la provincia onubense, un centenar de empresas y más de 1.000 empleos. La Interprofesional achacaba la situación al aumento descontrolado de las producciones, sobre todo de cebo, la ineficacia en la aplicación de la Norma de Calidad o la falta de tipificación de los productos ibéricos. A esto se añadía el aumento de costes de producción o el incremento no controlado de las inversiones ganaderas e industriales durante los años de bonanza.

Desde la Administración, pocas soluciones. La Junta de Andalucía sólo animaba al sector del ibérico a superar el reto de la comercialización y apuntaba como fundamental la implantación de la Indicación Geográfica Protegida (IGP) del ibérico, mientras cifraba las pérdidas en torno al 30%.

Tampoco benefició la alerta que surgió sobre el crecimiento de la economía sumergida alrededor del sector, culpando a la Junta de permitir la actividad a muchos ganaderos aficionados que en la mayoría de los casos no están dados de alta como autónomos o empresas agrícolas, y que además no pasan las inspecciones de trabajo preceptivas.

Superado el verano y con la vista puesta en la montanera del cerdo ibérico los productores anunciaron que ésta iba a ser caótica, ya que no había suficientes animales para ocupar las hectáreas de dehesa. Las oficinas comarcales agrarias de la Sierra habían detectado una importante caída en las inscripciones del censo del porcino. Y es que en los primeros meses de cría, muchos ganaderos habían decidido deshacerse de los cochinos porque se veían incapaces de costear la cría de los animales. Algunos llegaron a sacrificar camadas enteras y otros se deshicieron de ellos cuando tuvieron oportunidad. Hacía meses que se vendían cientos de miles de crías a Portugal, donde está bien cotizado el animal de apenas arroba y media, y se pagaban a 18 euros la pieza. Una nueva alarma se produjo en el sector: estas prácticas estaban poniendo en peligro el sistema tradicional de manejo del ibérico onubense, de una alta calidad, pero que en los últimos tiempos no había logrado alcanzar el precio mínimo para hacer rentable las explotaciones.

Los precios del cerdo continuaron cayendo en verano, lo que llevó a los productores a calificar la situación de "extremadamente grave para la supervivencia de la ganadería extensiva". Además, el consumo había bajado un 20%, motivo por el que las pérdidas se acumularon durante el periodo estival. Ante esta situación, el sector industrial del cerdo ibérico solicitó a la Administración la puesta en marcha de forma urgente de líneas de financiación y avales para los operadores ganaderos e industriales. El objetivo era evitar la paralización en bloque de la actividad industrial ganadera, con unas perspectivas navideñas poco halagüeñas. Los resultados faltan por concretar, pero la caída de las ventas ha puesto al sector del borde del colapso. En cualquier caso, las dificultades seguirán este año debido a la competencia que está imponiendo el sector del porcino blanco.

La llamada seca de la encina está incidiendo también de forma negativa en el sector del cerdo ibérico, cuya explotación se centra en las dehesas de encina y la bellota. En la provincia de Huelva se han contabilizado hasta el momento 20.000 hectáreas afectadas por esta enfermedad, lo que está mermando la capacidad del pata negra.

La seca del encinar se detectó hace casi 30 años, sin que desde entonces de hayan aportado soluciones o alternativas para combatirla. El sector ganadero viene pidiendo sin éxito medios económicos y estudios para combatir el problema.

Las comarcas más afectada por la enfermedad son el Andévalo y la Sierra, zonas en las que está en peligro no sólo la economía dependiente del sector porcino, sino otros como el corcho, la actividad cinegética o el propio turismo rural, aún en desarrollo.

La seca de encinas y alcornoques es una enfermedad que provoca un decaimiento progresivo en los árboles y que lleva en pocos años a la muerte de los ejemplares afectados.

Una de las soluciones puede venir de la mano de la Ley de la Dehesa cuyo proyecto, aprobado por la Junta de Andalucía, prevé una financiación de 180,5 millones de euros a repartir en subvenciones para las explotaciones entre 2010 y 2013.

Según la Junta, la nueva normativa estará aprobada antes del próximo verano y de ella se beneficiarán 1.200.000 hectáreas de dehesa en la región. La futura ley tiene tres objetivos: el fomento de la dehesa y de todas sus actividades; su identificación como ecosistema y la simplificación de los trámites administrativos para los titulares de las explotaciones.

El desarrollo de esta normativa prevé también la aprobación de un plan director de ámbito general, con una vigencia de 20 años y revisiones intermedias cada cinco, que incluirá un diagnóstico y un análisis de nuevas posibilidades de uso que mejoren la rentabilidad de las producciones.

Asimismo, los dueños de las explotaciones que se quieran beneficiar de la normativa deberán firmar un contrato territorial cuya vigencia es de 10 años y permite, entre otros asuntos, el acceso anual a las subvenciones.

Por lo tanto, al marco general se ajustarán los denominados planes de gestión integral que podrán desarrollar los titulares de las explotaciones, unas iniciativas que tendrán carácter voluntario, si bien su realización se considerará como criterio prioritario en el acceso a las ayudas públicas, tanto agrarias como ambientales. Para acceder con carácter general a estas medidas será necesaria la inscripción en el nuevo censo de dehesas.
 
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