Mi mascota no dice «guau» Imprimir Correo electrónico
Amable Sánchez, veterinario de la clínica Dirus, en Sevilla Este, da las tres claves que hay que saber antes de adquirir una mascota de las denominadas "exóticas": Conocer sus necesidades, saber qué come y qué tamaño va a alcanzar -algo básico para evitar sorpresas "desagradables" en el futuro-.
Fuente: ABC

ABC, 24-03-10. Ni "guau", ni "pío" ni "miau". Las mascotas de moda ya no "hablan" así. Ahora lo que se lleva no es tener perros, gatos o canarios, ahora se lleva tener camaleones yemeníes, cerdos vietnamitas e insectos palo. ¿Alguien sabe qué idioma hablan estos animalitos?

Tener una mascota exige mucha responsabilidad y un cuidado adaptado a sus necesidades, pero ¿Sabemos qué debe comer un hurón, qué cuidados requiere una serpiente o si se puede tener un caimán en la bañera?

Amable Sánchez, veterinario de la clínica Dirus, en Sevilla Este, da las tres claves que hay que saber antes de adquirir una mascota de las denominadas "exóticas": Conocer sus necesidades, saber qué come y qué tamaño va a alcanzar -algo básico para evitar sorpresas "desagradables" en el futuro-.

"Lo primero que hay que hacer con el animal es llevarlo al veterinario para un chequeo completo, ya que a veces se adquieren mascotas enfermas o se ponen enfermos por un mal manejo de los humanos". Este veterinario experto en exóticos asegura que en el 90 por ciento de los casos esto es debido no al maltrato, sino al desconocimiento por parte de los dueños.

Exóticos de moda

En cuanto al dinero, no es problema. Quien esté "encaprichado" con tener un animal exótico puede comprar desde una pequeña ave -como puede ser un agapornis- hasta gastarse 2.000 euros en una pitón albina.

“El exótico que se ha puesto más de moda es el agapornis o inseparable, una especie de periquito pequeño. Otras que están subiendo mucho son las serpientes, sobre todo las pitones y también las serpientes del maiz y las de la leche americana”.

Amable recuerda el día en que una vez entró por la puerta de la consulta un señor con un avestruz. "No te imaginas el revuelo que causó entre las señoras que estaban en la sala de espera... y entre sus perros. Lo mismo sucede cada vez que entra alguien con una tarántula".

Los inadaptados del vecindario

Desde que George Clooney presentó en sociedad a su cerdo vietnamita, estos animales se han puesto muy de moda. Sin embargo, estos no son nada recomendables como mascotas, ya que necesitan unas instalaciones adecuadas que un piso no puede ofrecer. Lo mismo sucede con los primates o los grandes reptiles como iguanas o tortugas de grandes dimensiones.

Lo malo de arriesgarse a convivir con alguno de ellos es que a veces suceden situaciones indeseables. Esto es lo que aseguran desde la clínica Dirus, donde incluso llegaron a tirar por la ventana de la sala de espera un caimán del Nilo moribundo. "El animal estaba tan mal que sólo sobrevivió dos horas", asegura Amable.

«Me llamo Calipo, tengo cresta y soy de Yemen»

Lo que más le gusta es dar paseos por la casa a hombros de su dueña y comer grillos dos veces por semana -aunque no le hace ascos a un buen plato de cucarachas con saltamontes-. Este camaleón yemení (Chamaeleo calyptratus) de cinco años vive con Mónica Mier y sus cuatro gatos desde que lo recogieron muy enfermo en una clínica en la que lo había dejado su dueño.

“Afecto no sé si me tendrá -duda Mónica- pero cuando vengo aquí viene corriendo a la puerta. A lo mejor es porque suelo ser yo la que le da de comer. Además me lo pongo en el hombro y lo paseo por la casa. Cosa que con mi novio no hace”.

El tren de vida de Calipo no es nada barato. Adquirirlo no vale mucho, pero su acondicionamiento sale por unos 150 euros y su temperatura debe oscilar entre los 20 y los 30 grados centígrados, con una humedad de en torno al 60 por ciento. Además, siempre debe tener una lámpara de cerámica encendida y otra con un foco de calor.

Calipo no se pone verde de envidia cuando los gatos de Mónica están cerca, pero sí se pone negro de rabia. “Ahora está más oscuro porque está cabreado. Si se asoma por el lado uno de los gatos se pone totalmente negro con manchas amarillas, se cabrea del todo. Cuando está en período de celo coge colores más vivos, y cuando está totalmente relajado, tomando el sol, se pone verde limón y amarillo“, cuenta su dueña.

Perros, tritones, palos y ranas

En total y junto con sus dueños, suman... Ni ellos lo saben bien. Alicia es una de esas veterinarias que no puede resistirse a recoger a todo bicho viviente que encuentra abandonado. Trabaja en una clínica en Bormujos y junto a su pareja Francisco cuida de sus cuatro perros, dos gatos, dos tritones, doce o catorce dendrobates (ranas), ocho bombinas (también ranas), varios insectos palo, dos gecko leopardo y cinco inseparables.

Llegaron a tirar por la ventana de la sala de espera un caimán del Nilo moribundo

Lucky, como llaman a Francisco, se encarga de los reptiles en la casa. Le gusta recrear el ecosistema. "Esto te da la recompensa de que, si lo has hecho bien, acaba en la reproducción, y siempre en animales sanos, bellos y que se muestran en todo su esplendor -asegura-. No son animales para interactuar con ellos sino para observarlos”.

De nuevo, las ranas de Alicia y Lucky son un ejemplo de lo sibaritas que pueden llegar a ser determinadas mascotas. Sus dendrobates pasan el día entre suculentas tapitas de moscas del vinagre y sesiones de rayos UVA, para acabar con una relajante ducha de lluvia tropical. En cuanto a los gecko, estos reptiles nocturnos piden todo lo contrario. Lo suyo es el clima desértico, ya que son originarios de zonas áridas como Afganistán, India y Paquistán. Por ello, no se hablan demasiado con los tritones, dos machos jóvenes que viven bajo el agua, pero que tendrán que salir de su "piscina" de metro y medio de largo cuando crezcan.

Las ranas de Alicia y Lucky son un ejemplo de lo sibaritas que pueden llegar a ser algunas mascotas

Según Amable Sánchez, valga lo que valga una mascota exótica, en la consulta veterinaria el valor es el mismo que el de cualquier otra, porque lo importante no es los euros que cuesten, sino el valor sentimental que el dueño le dé, aunque en cuestión de animales exóticos, a veces se hace verdad ese refrán de que "vale más el collar que el perro”.
 
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